En Bariloche, como en muchos lugares de la Argentina y del mundo, se puede tener aves de corral en lugares poblados.
Bariloche es un lugar nevado en invierno, conocido mundialmente y en Argentina es el más grande centro de turismo invernal, tiene más de 200.000 habitantes.
Pero muchos de esos habitantes desde noviembre, no pueden dormir tranquilos las horas necesarias.
Los vecinos mal dormidos, han pedido a la Comuna local, que modifique la norma, de que se puede tener aves de corral en centros poblados.
Es que un gallo de un vecino, comienza a cantar a las 5 horas de la mañana y continúa así durante todo el día.
La prensa local ha informado que los vecinos exigen que el gallo cantor sea desalojado de ese gallinero, para poder descansar tranquilos en los horarios normales.
El gallo cantor ha desatado un conflicto de convivencia en plena ciudad.
El Consejo Deliberante de la ciudad resolvió, “que antes de avanzar en el debate de tal forma debe agotarse, la instancia de mediación para resolver el conflicto, tarea que encomendó a la Defensoría del Pueblo”.
Los vecinos han pedido a los ediles que tomen cartas en el asunto.
El dueño del gallo cantor, está amparado por las normas locales, pero un grupo de vecinos están juntando firmas para que esa norma sea cambiada, así ellos puedan volver a dormir tranquilos.
Como se sabe los gallos por naturaleza, comienzan a cantar desde las 5 de la mañana y continúan durante todo el día, deleitando a sus escuchas o no.
EN ARGENTINA HAY COSAS PEORES CON ANIMALES DEBIDO AUTORIDADES OFICIALES INSENSIBLES
Los animales son lindos, eso no lo discuto, pero lo del gallo es pequeñito comparado con otra triste realidad: aquí se vive en un clima de grave y sostenida inseguridad, alcoholismo, drogadicción, violencia generalizada y anarquía en aumento, por ende, si los ciudadanos no tienen ejemplos éticos a la vista y se desenvuelven en la peor falta de respeto por el prójimo y desprecio por el entorno, sería muy infantil esperar soluciones de los funcionarios que parecen trabajar en un “altar” y de espaldas al pueblo (no generalizo), por ende, nunca se les ocurriría ocuparse del drama animal; sólo quieren enquistarse en cargos públicos (habría excepciones) y que todo siga igual, en descontrol total, sin salir de la cola del subdesarrollo.
Entonces… hay peleas lucrativas de perros, ciudades con gobernantes justicialistas que han autorizado las riñas de gallos con fines comerciales, crueles jineteadas públicas, innumerables institutos municipales de zoonosis eutanásicos donde hacinan y maltratan a perros y gatos sin dueños; muchos millones de palomas invaden la Capital Federal, ensucian a las personas, edificios y automóviles, ocasionando graves enfermedades al volar sus excrementos secos y ser respirados por niños, ancianos y alérgicos, pero Salud Pública no atiende el problema, sólo abundan los dobles discursos; en calles y avenidas transitan centenares carros chatarreros tirados por caballos de dudoso origen, heridos y enfermos, violando leyes y normas vigentes debido a la “tolerancia” de ciertos políticos que buscarían fáciles votos en los cordones de pobreza, fiscales que mirarían para otro lado y policías en connivencia; innumerables circos con fauna contrabandeada y en mal estado trabajan sin obstáculos y se desplazan cómodamente por las provincias a la vista de autoridades de aplicación; hay caza furtiva, matanza de especies vulnerables, cotos ilegales de caza que los entes oficiales no supervisan, centros de “tiro al pichón”, etc. Se realizan experimentos terroríficos con animales en establecimientos médicos, facultades, laboratorios e industrias; el ambiente artístico y televisivo muestra a la mayoría de las figuras femeninas “populares” vistiendo costosas pieles silvestres; son incesantes los robos de caballos y venta de carne equina para consumo humano interno sin controles sanitarios (país principal en el mundo en exportación de carne de caballo), posiblemente mucho es por la vía legal y controlado, pero no serían raros los actos de contrabando; las calles y parques donde juegan los niños están llenas de excrementos de perros; los cartoneros e indigentes se han instalado en avenidas y plazas ensuciando las ciudades, tapando alcantarillas, desparramando basura de manera inexplicables y todo se ha convertido en un foco de bacterias y contagios, proliferando las ratas y cucarachas que pasan a instalarse y multiplicarse en viviendas céntricas; hay perros abandonados en todas partes -a pesar del trabajo de los proteccionistas-; varias ferias públicas venden en el sol y mantienen encerrados en pequeñas jaulas a monos, pájaros autóctonos y otros contrabandeados, serpientes, perros y gatos, dejando los inescrupulosos puesteros animales muertos cuando se retiran, caso de la feria de Villa Domínico en Avellaneda, provincia de Buenos Aires y Feria de Pompeya en Capital Federal, entre otras, que intendentes por algún “convenio” de trastienda, policías y jueces han permitido que violen leyes vigentes durante varias décadas; paseadores de perros que conducen hasta veinte animales juntos y los atan en árboles y semáforos mientras van a buscar más o a tomar una gaseosa a un bar, incluso se adueñan de plazas y el público no puede llevar a sus mascotas, observándose maltrato que las autoridades no corrigen.
En fin, los hechos impunes y de vergüenza son folklore en esta sociedad que vive en incentivada anarquía.
Lo del gallo es un asunto menor y casi “pintoresco” al lado de los ruidos, gemidos y ladridos de perros dejados solos en edificios de propiedad horizontal (interior de departamentos y balcones a la calle), a veces durante días, sin que los administradores hagan nada, con autoridades que no actúan ante denuncias por el diario sufrimiento de los animales, a sabiendas que los vecinos no pueden descansar.
Seguramente nuestro país es el que menos respeta los derechos de los animales, tampoco las leyes vigentes y la salud pública, situación que va empeorando.
CARLOS ESTRADA *escritor, ex periodista parlamentario y columnista de revistas jurídicas, periodista de investigación y antiguo proteccionista independiente con documentada trayectoria pública y rescates de reiterados millares de ejemplares de fauna salvaje y recuperación de varios centenares de caballos del mercado negro.
Buenos Aires, Argentina, 19 de julio de 2011.