Escrito por

Los calamares vampiros

Arrastrado desde las profundidades del mar, tenemos fijación por sus ojos misteriosos color azul, la gente se ha quedado fascinada por esta extraña criatura. El nombre científico de este fantástico calamar, Vampyroteuthis infernalis, se traduce del latín como el “calamar vampiro del infierno”, un nombre que se ha ganado cuando el tejido del capote de entre sus ocho brazos salen desde dentro hacia fuera, descubriendo con eso decenas de cirros que parecen ser similares a los dientes apéndices y además por hacer un espectáculo de fuegos artificiales por la bioluminiscencia.

A continuación te explicaremos un poco más del calamar vampiro, un extraño animal que vive en los fondos de los mares.

Los calamares vampiros son detritívoros

 Antes de este vídeo, el calamar vampiro despertó la imaginación de todos. Se pensaba que era una criatura imponente y que tenía presas indefensas y acobardadas. Ya que todos los cefalópodos fueron pensados para cazar presas vivas.

Sin embargo la verdad resulta todo lo contrario. El calamar vampiro en realidad va a la deriva sin peso, por las corrientes oceánicas, extendiéndose por los largos filamentos marinos, recogiendo de los animales muertos materia orgánica en el fondo del océano. El calamar vampiro tira del filamento que tiene a la vuelta a través de sus brazos, haciendo que la materia orgánica caiga en la boca del animal.

Los científicos del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI) verificaron su teoría de que así es como el calamar vampiro come revisando el contenido del estómago para comprobar que no hay restos de huesos o conchas indican que el consumo de presas vivas.

Los investigadores MBARI concluyeron: “el filamento del calamar vampiro es probable que sea un órgano multifuncional que se implementa para detectar y capturar la materia detrítica, pero al mismo tiempo puede detectar la presencia de depredadores y presas que vive”.

Descúbrelo por ti mismo. Aspecto siniestro del calamar vampiro, contra su dieta sostenible, demuestra que no se puede juzgar un libro por su cubierta.